Por una enseñanza de la economía orientada a la acción, la innovación y el desarrollo

Esteban González J.
Estudiante de 7° Semestre de Economía, Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín-Colombia
Mayo de 2013

“Pensar la vida como un problema inmenso, una ecuación o más bien una familia de ecuaciones parcialmente dependientes, parcialmente independientes, unas de otras… entendiendo que esas ecuaciones son muy complejas y llenas de sorpresas, y que a menudo somos incapaces de descubrir sus ‘raíces’ ”
Fernand Braudel
 

Modelos, ecuaciones, teoremas, proposiciones, tesis, demostraciones, variables, definiciones, conceptos y teorías. La realidad, la vida en su extensión y plenitud, si lo que la facultad enseña es cierto, podría encerrarse, definirse y comprenderse en estas y unas cuantas más categorías.

La economía, por naturaleza ha sido entendida como una Ciencia Social orientada a la praxis, es decir, su vocación fundamental está inclinada hacia la creación de conocimiento y de herramientas útiles para influir en la realidad y transformarla para beneficio de los seres humanos. Se deduce entonces, que una adecuada comprensión de la realidad desde la óptica económica y desde las Ciencias sociales en general, es imprescindible para lograr operar una verdadera influencia y un cambio efectivo sobre las anomalías y los problemas que requieren de mentes ingeniosas que sepan utilizar todo lo que saben acerca de los mismos a fin de encontrarles una solución óptima.

¿Es acaso está la manera en la que se entiende la economía en el mundo de hoy?¿Corresponde esta concepción del deber ser de la ciencia económica a los fines hacia los que se enfoca la enseñanza y la aplicación de la misma?¿Son los profesionales de la economía formados en la comprensión de la realidad como verdaderos transformadores sociales o son instruidos simplemente para sentarse en un escritorio, conocer la realidad desde la ventana de su oficina y desarrollar modelos que jamás se corresponderán ni podrán influir sobre ella y transformarla? Estos y otros interrogantes que se desarrollaran en esta reflexión ayudarán a formar una idea clara de una visión revisitada de la enseñanza y la aplicación de la ciencia económica.

No es necesario haber pasado muchos años por la facultad de economía ni haber observado la realidad más allá de lo que día a día se ve en las calles, en los periódicos y en la televisión, para darse cuenta que el mundo de los economistas y de los tomadores de decisiones pareciera no corresponderse con el que la gente habita y en el que sobrevive, tal pareciera que un mal, una especie de ceguera progresiva se apoderara lentamente de ellos, como sentenciaba José Saramago “Creo que nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven”. ¿Y la causa de esta ceguera? ¿Por qué pareciera que la economía y otras ciencias sociales olvidaron su deber con la humanidad? Entre las respuestas más convincentes el historiador Fernand Braudel argumenta que:

“Hay una crisis general en las ciencias sociales del hombre, todas ellas se encuentran abrumadas por sus propios progresos, aunque solo sea gracias a la acumulación de nuevos conocimientos. […] a todas ellas con mayor o menor lucidez, les preocupa el lugar a ocupar en el conjunto monstruoso de las antiguas y recientes investigaciones. […] las ciencias sociales se imponen las unas a las otras: cada una intenta captar lo social en su ‘totalidad’, cada una se entromete en el terreno de sus vecinas en la creencia de permanecer en el propio […]”1

Siendo el resultado final nada más que un completo desconocimiento de la realidad social que ata las manos tanto de los estudiantes de economía a la hora de llevar a cabo razonamientos propositivos y de los profesionales de la ciencia económica a la hora de influir o tomar decisiones.

Por todo lo anterior se hace necesario repensar la enseñanza y la manera de entender la economía, primero desde los círculos de la academia, para así poder influir en el carácter de los futuros tomadores de decisiones, y regresar a la economía su originaria vocación a la praxis y su capacidad de influir y transformar la realidad para el bienestar y el desarrollo de las sociedades.

Una educación en economía que cumpla con estas aspiraciones y estas finalidades debe ser pensada necesariamente a partir de los siguientes criterios.

1. PRINCIPIO DE EFICIENCIA

La economía existe para realizarse y así debe ser enseñada. El conocimiento económico que no se traduce en realidad, que únicamente se encuentra sobre el papel, no es más que tinta derramada. El valor de la economía debe determinarlo necesariamente su objetivación en la vida social. Se debe encontrar así, más allá de la deducción lógica y la abstracción características de la ciencia económica, una aplicación práctica de los conocimientos aprendidos, para lo cual deben ajustarse necesariamente a la realidad. De lo contrario, como asegura el jurista alemán Rudolf von Ihering “Se crearán opiniones y teorías capaces de sobrevivir únicamente en el clima benigno- de invernadero- en el que fueron concebidas (…) productos tan ingeniosos y cultos como equivocados (…)” 2

2. EL PASO DEL SABER AL COMPRENDER

Las facultades de economía han tomado a los jóvenes estudiantes como grandes almacenes de conocimientos que se depositan en sus mentes inexpertas tal como los libros en los estantes de una biblioteca. Una enseñanza óptima de la economía debe considerar la comprensión por encima de la acumulación de conocimientos, comprender es más que describir y explicar, como aseguraba Manfred Max-Neef: “Cualquiera de ustedes puede haber estudiado todo lo que es posible estudiar (…) sobre un fenómeno humano que se llama amor (…) pero nunca comprenderán el amor a menos que se enamoren.” 3

Es decir, solo se puede comprender aquello de lo que se hace parte y no de lo que se hace a un lado o se abstrae. Es así que la enseñanza de la economía debe instruir a los estudiantes a hacerse parte de la realidad que intentan comprender y no a abstraerse de ella, y esto se logra solo mediante el fomento de un análisis más completo y menos restringido de los fenómenos económicos, políticos, sociales e históricos, aportando visiones que además se correspondan a necesidades y realidades inmediatas y cambiantes.

3. TRANSDISCIPLINARIEDAD

De acuerdo al mismo argumento expuesto anteriormente, bajo el cual se asegura que sólo se comprende aquello de lo que se hace parte, es necesario romper el esquema tradicional de enseñanza de dividir el conocimiento en compartimientos estancos, para, de esta manera, lograr aprehender la realidad en su complejidad y lograr del encuentro de disciplinas y temporalidades de las que hablara Gadamer: un avance hacia la comprensión y la interpretación. Los estudiantes por este medio adquirirán mayor amplitud para conocer los problemas, plantear soluciones y no granjearse como se mencionó anteriormente un conocimiento “de invernadero”, sino uno capaz de llevar a cabo procesos de pensamiento críticos y propositivos que les permitan tener un mayor dominio, influencia y poder de transformación sobre la realidad y los problemas socioeconómicos. Como afirma de nuevo Max-Neef hay circunstancias económicas cambiantes y “enteramente nuevas que nos obligan a buscar inspiración en todas las fuentes de conocimiento y de la experiencia humana”4.

4. INNOVACIÓN Y CREATIVIDAD

El objetivo de toda educación, sobretodo el campo de la economía y las ciencias sociales no debe ser el de acumular conocimientos preexistentes y consentir en ellos sin más como dogmas absolutos, sino mas bien crear nuevos conocimientos, crear nuevas soluciones a nuevos interrogantes, ser capaces de influir en la y el desarrollo de nuevas maneras, innovar.
Para lograrlo es indispensable en primer lugar, incentivar la curiosidad, la creatividad, enseñar la economía de maneras muy diferentes, enseñar también de manera innovadora, hacer uso de laboratorios, lugares dónde pueda desarrollarse la creatividad. Es imposible pensar en una revolución educativa desde la economía si el modelo insiste en la enseñanza pasiva de los estándares tradicionales, es decir, sentarse y escuchar; por el contrario, es necesaria una educación activa, dónde el estudiante “se haga parte” de la realidad que busca aprehender, fundada en el compromiso de participar y crear. La innovación y la creatividad requiere tomar riesgos y equivocarse, la experiencia enseña que se aprende mucho más fallando que nunca habiendo tomado el riesgo.

Retar a los estudiantes a no aceptar sin argumentos los conocimientos preestablecidos, retarlos a hacer la diferencia utilizando los medios y las tecnologías de la información del mundo globalizado, puede hacer la diferencia, no solo en la formación de profesionales más capacitados sino en el desarrollo y la transformación de sus realidades.

Finalmente es necesario insistir en que es preciso que exista un propósito claro para la educación de la economía, esto es, hacia la formación de profesionales comprometidos con la vocación de su estudio, hacia la praxis, hacia la objetivación de sus conocimientos en la realidad. Dicho propósito no es más que una expresión madura de la pasión, que de igual manera debe cultivarse en los estudiantes, pues también la experiencia demuestra que se aprende con mayor facilidad y profundidad cuando hay pasión y no obligación.

En conclusión, es necesario repensar la enseñanza de la economía y la manera de comprenderla en un mundo en que la realidad social y del mercado es mucho más compleja que en los años de la primavera de la ortodoxia económica. Para llevar a cabo esa tarea revisionista de la manera en que se enseña la economía y los fines que mediante ella se persiguen, es indispensable traer a discusión la consideración de los criterios de eficiencia de la enseñanza y de la economía en sí, el enfoque transdisciplinar que se requiere para abordar una realidad con fenómenos cada vez más complejos y cambiantes, el tránsito del saber a comprender y finalmente, la innovación, la creatividad y la pasión en la enseñanza de la economía.


1. Fernand Braudel, La historia y las ciencias sociales. Alianza Editorial, Madrid 1982.

2. Rudolf von Ihering, Theorie der juristischen Technik. En Geist der römischen Rechts auf den verschiedenen Stufen seiner Entwicklung, tomo 2.2 (1858), Scientia Verlag, Aalen, 1968, pp. 324. Traducción castellana de Sergio Sanjosé.

3. Manfred Max-Neef. Transdisciplina, para pasar del saber al comprender, Revista Debates N° 36, sep. – dic. 2003, Universidad de Antioquia.

4. Ibídem.

Referencias

Fernand Braudel, La historia y las ciencias sociales. Alianza Editorial, Madrid 1982.

Rudolf von Ihering, Theorie der juristischen Technik. En Geist der römischen Rechts auf den verschiedenen Stufen seiner Entwicklung, tomo 2.2 (1858), Scientia Verlag, Aalen, 1968, pp. 324. Traducción castellana de Sergio Sanjosé.

Manfred Max-Neef. Transdisciplina, para pasar del saber al comprender, Revista Debates N° 36, sep. – dic. 2003, Universidad de Antioquia.

 

 

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