Enseñar economía: su complejidad y enredado lenguaje

 

Ingrid Paola Gallegos
Estudiante 6° semestre, Facultad de Ciencias Económicas y Adminitrativas. Universidad de San Buenaventura, Cali.
Mayo de 2013

Las líneas que siguen a continuación han sido motivadas desde mi posición como estudiante, que ya habiendo avanzado en gran parte mi programa de estudios, me asaltan como a muchos de mis compañeros temores y dudas acerca de todo lo que hasta ahora me han enseñado mis profesores y sobre qué voy a hacer con lo que se, donde voy a tener que aplicar ese conocimiento y como lo voy a hacer. Nuestra difícil y compleja disciplina nos ha llevado a zambullirnos en teorías, modelos matemáticos, ecuaciones, demostraciones, lenguajes, abstracciones, y en un sinfín de conocimiento que a veces nos lleva a sentirnos como en una dimensión desconocida y que nos genera gran desgaste de energía física y mental; todo esto con el propósito de “aprender a pensar”, dominar una técnica, y saber enfrentar un problema preciso. Ahora, la reflexión viene cuando me pregunto: ¿De qué trata la economía? ¿Para qué nos ocupamos de las condiciones económicas de la realidad? ¿Cuál es mi rol en la sociedad? Conozco mi entorno lo suficiente como para elegir hacia qué sector deseo inclinar mi profesión?

Creo que una de las virtudes que debería tener un docente formado en la disciplina sería la de incorporar en sus cursos introductorios un ingrediente motivacional a sus clases a través de explicaciones aterrizadas a la realidad que se originen en principios básicos de la economía como por ejemplo la escasez, precio, valor, mercado, consumo, ahorro, inversión, una explicación bien detallada de los principios básicos del análisis económico animan y apasionan al estudiante a interesarse por encontrarle sentido a su profesión(enfocarlo) y saber cuál es el papel que está llamado a cumplir.

Una preocupación que debería inquietar a los profesores sería la de apuntar más hacia los contenidos de lo que enseñan, que por la forma, un profesor siempre debería tener algo que decirnos en sus clases que esté conectado con lo que está enseñando y como complemento de la ciencia, pues esto refleja el amor y satisfacción por su disciplina, circunstancia que transmite a los estudiantes y que le permite a su vez convencernos de que lo que se está estudiando es realmente serio. Sin dejar de lado que el método (forma) de transmitir el conocimiento es importante, no debemos insistir en que es lo único, pues terminaríamos aseverando que para dictar clases de economía, no hay que ser economista sino más bien un instructor y esto rompería la conexión con el contenido.

Sería de gran transcendencia que nuestros docentes tradujeran y articularan los últimos avances en el análisis económico en debates fáciles de seguir y en modelos que podamos comprender mejor adaptados a nuestro entorno, por ejemplo como relacionar los modelos con la política económica, como analizar la reforma tributaria de nuestro país desde la argumentación de Mankiw o Stiglitz acerca del sistema tributario, porque finalmente, lo que necesitamos es saber cuál será el papel que desempeña ese contenido en la práctica. Es importante que al estudiante se le muestre varios enfoques y sus usos alternativos, así sabremos donde es útil cada tópico de la disciplina pues, por ejemplo Marx sirve para conocer historia económica, pero no sirve para una clase de finanzas, pues su concepto de valor y dinero difiere mucho del concepto financiero. En cambio la micro y la macro son globales y deberían incorporar características que nos interesen a los colombianos; es decir a los estudiantes nos deberían enseñar a interpretar algunas verdades de nuestro contexto histórico, así entenderíamos como se conecta lo que estudiamos con lo que está ocurriendo.

Un proceso de enseñanza debe tener una columna vertebral que se ocupe de la manera en cómo construir los conocimientos conjuntamente entre profesor y alumno para desarrollar un pensamiento crítico, donde aprendamos a relacionar la terminología, donde el aprendizaje conlleve un sentido de acompañamiento que requiera que profesores y alumnos convivan gran parte del tiempo en el aula, y un método de evaluación continuo basado en criterios que conlleve ejercicios, trabajos, talleres y tareas con requisitos claramente definidos que nos ayudan a sistematizar el pensamiento.

Pero, además del contenido en la enseñanza otro aspecto importante que se debe tener en cuenta es ¿cómo hacer para que los estudiantes de economía aprendamos a hablar y abordar cuestiones económicas con un lenguaje refinado, sencillo, claro, ágil y concreto donde los demás nos puedan entender que es lo que decimos?
Nuestros docentes siempre deberían enseñarnos un ABC de términos en donde nos ayuden a establecer una conexión con la disciplina para poder desarrollar nuestra capacidad de ver las cosas con gran rigor económico y perspectiva económica. Deberían introducirnos en las lecturas de diarios económicos, porque sería una manera de empezar a decirnos que la economía tiene que ver con eso que nos pasa y seria un ejercicio que se convertiría en parte integral de una clase ayudándonos no solo a extender y entender el vocabulario, sino también a desarrollar habilidades para escribir y redactar con gran inspiración económica.

Es que sucede que el lenguaje es un requisito para las profesiones por que en la práctica es fundamental la comunicación de las ideas al interior de las organizaciones ya que todo informe debe enviarse por escrito y sin dejar espacio para ambigüedades y errores. Bien sabemos, que entre más alta nuestra posición profesional se hace más necesario precisar el lenguaje y nuestra escritura ya que debemos relacionarnos con personas a todos los niveles, por eso sería bueno que nos enseñaran a distinguir entre el lenguaje de la profesión y el lenguaje general, porque no se vería bien que solo nos pudiéramos comunicar únicamente entre nosotros y no con los demás cuando se haga necesario transmitirles aclaraciones o dar respuesta interrogantes que se nos planteen, por eso es que un lenguaje base no nos sirve para nuestro desarrollo profesional en la sociedad.
Incluir un curso de literatura económica seria de gran ayuda, que nos incentive a acercarnos un poco a lo que es la esencia de leer y escribir bien para poder expresarnos bien, lo que a su vez sería interesante un programa de asignaturas interdisciplinares que obligue a la lectura y escritura intensiva cuyo propósito sea profundizar en el lenguaje. Otro elemento que complementaria nuestra formación por lo menos en lo que se refiere a los países de Latinoamérica es que las Universidades deberían darle gran importancia al idioma en el cual se dan los avances de la profesión, que para el caso de nuestra disciplina es el inglés, pues como economistas es indispensable que permanezcamos conectados con la ciencia a través de revistas, medios y textos internacionales sin tener que esperar su traducción que muchas veces demora años y nos deja por fuera de todo lo que se produce a nivel internacional. Siempre debemos estar atentos a los cambios en nuestra profesión y la única forma de acercarnos es a través de las letras.

Para adquirir claridad conceptual, debemos adquirir claridad en la expresión y si no somos profesionales cultos difícilmente tendremos la capacidad para absorber los cambios en la profesión, simplemente porque no tenemos disciplina ni rigor para lecturas complejas. Precisamente ese es el temor como estudiantes a la hora de debatir un tema frente a nuestros compañeros y profesores, como sabemos que no tenemos esa fortaleza en la argumentación literaria aplicada a la economía no nos atrevemos a defender una idea o nuestra posición frente a un tema, a veces pareciera que tanto lenguaje matemático nos opacara la posibilidad de la sustentación teórica. El economista no se debe quedar solo en la excesiva formalización matemática sino que debe ser un profesional culto que permanezca actualizado por medio de las lecturas para que pueda estar atento a los cambios y nuevas corrientes de pensamiento en el ámbito de su profesión.

La importancia de la argumentación literaria es una gran fortaleza para los economistas porque entre más clara, mejora el lenguaje y logra apartarse un poco de tanta expresión vulgar con que a veces nos expresamos, además permite que muchas más personas nos puedan entender y nos proporciona un sólido razonamiento económico. A los economistas siempre nos han acusado de hablar y escribir mucho y al final no decimos nada, pero pienso que es por la misma dificultad que tenemos en nuestra pobre riqueza del lenguaje, muchas veces no logramos alcanzar la exactitud utilizando las palabras precisas y por tanto esto no nos permite cautivar a quien nos lee. Entonces, ¿Si no nos forman intensamente desde los inicios de nuestra profesión en la buena escritura, la sintaxis, el buen lenguaje y la lectura constante como nos exigen claridad y habilidad para hacernos entender ya sea de forma oral o escrita?

Para escribir bien hay que entender lo que se está diciendo para poder trasmitir en un lenguaje sencillo lo que dice nuestra enredada disciplina, pero muchas veces ni nosotros mismos encontramos coherencia cuando hablamos o escribimos para otros. De aquí la importancia de darnos herramientas académicas suficientes en este sentido para desarrollar y promover un mejor lenguaje profesional.

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