Abandonando a Crusoe: Un llamado a complicar la enseñanza de la economía en Latinoamérica

Ganador concurso de blog
Raúl Gómez Puentes
Estudiante de 7° semestre de economía, Universidad Industrial de Santander, Colombia.
Ganador del concurso de blog para estudiantes 2013, Categoría A.
Mayo 21 de 2013

     Mejorar la enseñanza de la economía hoy más que nunca y en Latinoamérica, más quizá que en ningún otro lugar del mundo requiere de complicar la economía, como lo propusiera ya hace unas décadas el economista alemán Albert Hirschman1, porque resulta fundamental tener presente que en el mundo real no existen problemas económicos y problemas no económicos, sino simplemente problemas, tal y como lo señalara Gunnar Myrdal. Es en este orden en que la propuesta de complicar la economía como una forma de mejorar su enseñanza sale del campo de lo absurdo y cobra sentido, en tanto se entiende este complicar como una forma de unir entre sí diversidad de conocimientos dentro del proceso de aprendizaje, para abordar la complejidad de los problemas de una forma amplia e interdisciplinar.

Para entender esta idea de complicar la economía se hace necesario en primera instancia plantear un debate en torno al por qué es necesario mejorar. Sabiendo que dicha pregunta no tiene una única respuesta y que llegar a ellas no es algo sencillo por lo que tomará más de un artículo, este texto intentará dar la apertura a un debate que es fundamental para hacer de la economía una disciplina cada vez más útil para Latinoamérica, en el cual se abordará inicialmente a cerca de los peligros de no complicarla y como se deberá reflejar esta economía más complicada en los programas de estudio de Latinoamérica.

Parte de la responsabilidad para que los economistas no puedan entender de manera más amplia y generar soluciones satisfactorias a los problemas complejos a que se enfrentan, obedece a la división marcada entre la economía y otras ciencias sociales, separación nada novedosa y alimentada en los caminos de la formalización que han llevado a algunos economistas a pensar la economía como una ciencia que puede ser llevada al nivel de formalización de la física; imbuidos en la falsa creencia del proceso económico como un sistema aislado de sucesos que se repiten de forma constante y con fronteras naturales, que por lo tanto para su estudio puede y debe ser abstraído, construyendo teorizaciones desde la remota isla de Crusoe, facilitando la comprensión del estudiante. La pregunta crucial sería entonces, ¿qué tan real es esta economía tan fácil de entender?

Ante esta pregunta cabe responder que estos modelos más simples construidos por medio de la abstracción deben ser tratados con sumo cuidado, dado que en algunos momentos ellos pueden hacer que se pierda el significado real de lo que se está estudiando, llevando a que en ocasiones términos como PIB per cápita, índice Gini o indicador NBI (Necesidades Básicas Insatisfechas) tomen vida propia, perdiendo su razón de ser como instrumentos para entender condiciones concretas de productividad, desigualdad y necesidad, reduciendo nociones complejas a una simple cifra; sin tener en cuenta la relación dialéctica implícita en estos términos, por complicada que pueda parecer, haciendo que el estudiante de economía se cierre a la posibilidad de encontrar cambios cualitativos, atrapado en un mundo de cantidades y precios.

Con lo anterior no se quiere descartar en ningún momento la abstracción como herramienta, es importante reivindicar la validez de ésta como el arma más poderosa junto con la historia con que cuenta el científico social2. El llamado es a enseñar el límite y uso responsable de estas herramientas analíticas disponibles al economista y hacerlo patente desde los salones de clase.

Es así como complicar la economía implica una ciencia menos aislada y ensimismada, asumiendo que "la tarea de la ciencia no consiste en trepar a la escala más fácil y permanecer allá para siempre destilando y volviendo a destilar la misma sustancia pura"3, una enseñanza más interdisciplinar de la economía, incluye en los currículos nociones de filosofía, política, sociología, sicología, antropología, entre otras; de forma tal que el estudiante se haga a la imagen de un mundo real a partir de un mayor contacto con él, sin llegar a atemorizarse con lo que encuentre. Donde esa mayor visión de la complejidad le permita reconocer las variables más importantes en cada situación y estudiarlas sin importar si estas tiene o no la etiqueta de económicas.

En este sentido de la complejidad de la economía van las palabras de J.M Keynes quien observaba que:

"La economía es una materia fácil en la que pocos destacan... El maestro debe poseer rara combinación de dotes. Debe alcanzar un nivel elevado en distintas direcciones, combinando capacidades que, a menudo, no posee una misma persona. Debe ser, de algún modo, matemático, historiador, estadista y filosofo; manejar símbolos y hablar con palabras, contemplar lo particular bajo el prisma de lo general, abordar lo abstracto y lo concreto con el mismo vuelo de la idea. Debe estudiar el presente a la luz del pasado y con la vista puesta en el futuro. Su mirada ha de abarcar todas las partes de la naturaleza y de las instituciones humanas. Debe ser simultáneamente interesado y desinteresado; distanciado e incorruptible como el artista y no obstante, a veces, tan apegado a la tierra como el político."

Sin duda el desafío no es menor para quien se quiera formar como economista, entonces, resulta necesario que se enseñe de lógica, abstracción y formalización, así como de aspectos institucionales, políticos y culturales; esto puede evitar caer en el error de pensar que la teoría consignada en los libros de texto es válida en cualquier sociedad, en cualquier tiempo, llegando a puntos extremos de ver en el interés material el único motor de la acción económica, considerando al hombre finalmente como una cifra constante, sin evolución o involución. El riesgo se incrementa en las universidades de Latinoamérica dada la disimilitud de estos países con la sociedad norteamericana, lugar del que proceden la mayoría, por no decir todos los libros de texto utilizados en las escuelas y facultades de economía5. Con ello la tarea de complicar la economía con una visión interdisciplinar irónicamente se ve complicada por la gran influencia estadounidense6 en las academias latinoamericanas. En palabras de Paul Streeten, "El rechazo de la necesidad de estudios interdisciplinarios..., es una característica específicamente estadounidense"7. Por lo cual para complicar la economía se deberá retomar la tarea de construir teoría económica original, donde se aprenda con libros que palpen las realidades latinoamericanas.

Para ello es necesario entonces dotar al estudiante de economía de un martillo que le sirva para derrumbar los muros artificiales y una vez abajo le permitirán ver un mundo mucho más amplio y complicado, un mundo real. Deberá salir, pasearse por sus calles, establecer diálogo con la gente, conocer los problemas de primera mano, abandonando la visión de economía ahistórica, apolítica, ainstitucional, amoral, por una economía más compleja pero más completa; teniendo ante sí la responsabilidad de construir una nueva economía, que pase del plano de lo abstracto y se concretice en mejores políticas económicas, rescatando lo bueno que se ha hecho hasta ahora en todo el mundo para explicar el proceso económico, que no es poco, e incinerando aquello que no resulte útil, un trabajo que se debe hacer con toda delicadeza.

El tener mayor contacto con el mundo real en el proceso de aprendizaje le permitirá comprobar al estudiante la existencia ya no de limites ficticios, sino los de límites reales, que demostrarán la imposibilidad de algunas de las ideas que se han posicionado en el inconsciente de los profesores y estudiantes de economía, como la del crecimiento infinito, que llevan a hablar en ocasiones del crecimiento económico de manera similar a un automóvil sobre una carretera interminable en la que simplemente hay que buscar el mejor carril y esquivar unos cuantos huecos; ignorando los límites que impone la naturaleza y dos factores determinantes, el cultural y temporal; sin duda con ellos tomaría un poco más de trabajo entender, dado que ya no sería el típico plano bidimensional al que tanto se han acostumbrado en las escuelas de economía, por lo que requerirá de un mayor esfuerzo del estudiante y del profesor, con currículos de economía que exijan más de sus capacidades por entender la evolución del proceso económico de la mano de la sociedad, su base material y su multiplicidad de dimensiones.

Finalmente la invitación es a no seguir simplificándolo todo hasta llegar al punto de que aquello que se estudie no sea lo que en principio se propuso conocer, si el objeto de estudio es complejo, pues se debe preparar a los estudiante para enfrentar la complejidad, no para recortarlo todo hasta hacerlo del tamaño de las capacidades iniciales de quienes lo estudian, en economía llegó la hora de hacer un elogio a la dificultad, al mejor estilo de Estanislao Zuleta. Hoy se hace necesario para los economistas entregarse a una tarea complicada, la de construir una balsa, enfrentar la mar por salvaje que esta pueda ser y remar con perseverancia, para dejar atrás a Robinson Crusoe y su maravillosa isla de fantasía.


1. Este economista plantea la idea de complicar la economía en sus escritos en parte por su experiencia en países como Colombia donde encontró que los postulados extremadamente parsimoniosos en los que se fundamentaba la ciencia económica resultaban insuficientes para explicar la situación de países que culturalmente e institucionalmente diferían de los marcos institucionales de las construcciones teóricas predominantes, por lo cual los resultados de políticas económicas elaborados con base en ellas podrían ser inesperados y en algunos casos desastrosos.

2. En defensa Karl Marx dice, en el prologo a la primera edición de El Capital, "En el análisis de las formas económicas de nada sirve el microscopio ni, los reactivos químicos. El único medio de que disponemos en este terreno, es la capacidad de abstracción."

3. Georgescu-Roegen, Nicholas. La ley de la entropía y el proceso económico. Madrid: Fundación Argentaria. 1996. p 394

4. Keynes, John Maynard. Ensayos Biográficos, Alfred Marshall. Barcelona: Crítica, 1992. p 185

5. Mayor información en: Lora, Eduardo y Ñopo, Hugo. La formación de los Economistas en América Latina. Banco Interamericano de Desarrollo, 2009. Estudio donde se analizan entre otras: los métodos, la malla curricular y los libros de texto utilizados en una muestra de cuatro países de América Latina.

6. El artículo de Gabriel Misas Arango (2004)"El campo del la Economía y la formación de los economistas" puede ilustrar más acerca de la influencia de la economía Americana, la definición de un campo especifico para la economía y las formas de combate a propuestas interdisciplinares.

7. STREETEN, Paul. ¿Qué está mal en la economía contemporánea? En: Revista de Economía Institucional. Vol.9 N°.16 (primer semestre, 2007). p 48-49.

Referencias

GEORGESCU-ROEGEN, Nicholas. La ley de la entropía y el proceso económico. Madrid: Fundación Argentaria. (1996).

HIRSCHMAN, Albert. Contra la parsimonia, tres caminos fáciles para complicar algunas categorías del discurso económico. En: Trimestre Económico. Vol.53 N°.212. (1986)

KEYNES, John Maynard. Ensayos Biográficos. Políticos y Economistas. Barcelona: Crítica, (1992).
LORA, Eduardo y ÑOPO, Hugo. La formación de los Economistas en América Latina. IDB Working paper series; 119. Banco Interamericano de Desarrollo, (2009)

MARX, Karl. El Capital, Crítica de la Economía Política. México: Fondo de Cultura Económica. (1986).

MELDOLESI, Luca. En búsqueda de lo posible. El sorprendente mundo de Albert O. Hirschman. México: Fondo de Cultura Económica. (1997).

MISAS, Gabriel. "El campo del la Economía y la formación de los economistas" En: Cuadernos de Economía. Vol.23 N°.40 (2004). p 203-229.

MYRDAL, Gunnar. Teoría Económica y regiones subdesarrolladas. México: Fondo de Cultura Económica, (1968).

STREETEN, Paul. ¿Qué está mal en la economía contemporánea? En: Revista de Economía Institucional. Vol.9 N°.16 (2007). p 48-49.
 

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