Siempre hay espacio para mejorar: la decisión es querer hacerlo

María Alejandra Peláez Hidalgo
Estudiante cursando programa de postgrado en Economía. Universidad de los Andes, Colombia.
Mayo de 2013

Creo que un economista tiene la autoridad moral para hablar sobre cómo mejorar la enseñanza en su disciplina una vez se ha enfrentado a las particularidades del mercado laboral de su país o del lugar donde resida. Si un economista en potencia continúa siendo estudiante y no se ha lanzado a vivir la vida real del profesional, o en su defecto del practicante, es altamente probable que no se haya concientizado sobre cuáles eran las falencias presentes en su formación académica y cómo subsanarlas. Esta clase de razonamientos rara vez aparecen mientras se asiste religiosamente a las clases de macroeconomía, de microeconomía, de econometría, de política fiscal, de política monetaria, de pensamiento económico, etc.

Hablo en nombre propio pero presumo que represento una buena parte del sentir de varios colegas. Por supuesto, estoy enteramente orgullosa y altamente agradecida con la vida por haber estudiado en mi Universidad: los profesores son excelentes, el material que está disponible para los estudiantes es inigualable, el círculo social que se construye es excepcional. Sin embargo -de una forma quizás bastante coloquial sin rayar en lo vulgar- expongo a continuación cómo habría podido mejorar la enseñanza en Economía que recibí durante cuatro años en el pregrado, (así como en el año y medio de mi posgrado), si mis profesores conocieran las impresiones que surgen cuando vuelvo los ojos a este pasado cercano.
Son tres los aspectos que me interesa abordar en este artículo: primero, la necesidad de reforzar la metodología de investigación en economía, en segunda instancia buscar cerrar la brecha entre teoría y realidad al enseñar los distintos modelos económicos. Por último, es crucial exigir que -como requisito de grado- deba certificarse una práctica profesional, lo cual es garantía de una inserción laboral que coadyuva y nutre la formación de un economista, cualquiera que sea su campo de interés por excelencia.

En primera instancia, creo que una de las grandes carencias existentes se refiere a la metodología de investigación en Economía. A menos que un economista esté dedicado a la academia, se logra comprender el amplio espectro de necesidades que este ejercicio intelectual implica. Las etapas que comprende este proceso son exigentes, demandantes en tiempo y esfuerzo, no solo físico sino mental, pero es preciso mencionar tres elementos que con frecuencia se dejan de lado en el salón de clase.

Por una parte, buscar una pregunta interesante para resolver a través de un modelo económico -y algunas veces acompañado de una aplicación empírica- puede ser una de las más grandes hazañas que un estudiante de economía (usualmente en los semestres finales de su carrera) debe enfrentar. Este ejercicio de "aprender a pensar" se desarrolla inicialmente a partir del carácter que la labor docente imprima en su forma de enseñanza, pero comienza a asimilarse únicamente por medio del trabajo individual del estudiante. No obstante, también es necesaria a menudo la orientación profesional de los mismos pedagogos, pero muchos estudiantes temen buscarla y de esa manera impiden la consolidación de un verdadero y enriquecido ejercicio dialéctico que los conduzca a generar conocimiento.
Por otra parte, es vital que la enseñanza de Economía incorpore un proceso de investigación casi que continuo en el que se aprenda a conocer los datos, si es que existen, sin importar el área de análisis de preferencia. En particular, resulta inconcebible que sólo hasta la elaboración de una tesis de pregrado o maestría, un estudiante de Economía se vea en la obligación de recoger información en campo, buscar datos, transformarlos y acomodarlos a sus necesidades, entender su comportamiento y darse cuenta que esta labor, es la mayoría de las veces, la base de cualquier desarrollo posterior de su proceso de investigación. Una realidad decepcionante para un investigador es no poder encontrar los datos que sirven, pero es necesario aprender a superar este obstáculo. De ahí que sea tan importante, que incluso desde la Universidad, se den luces sobre cómo “torturar los datos”.

Relacionado con lo anterior, es imprescindible simular en el salón de clases los problemas comunes que surgen en este proceso de investigación en Economía. Es una verdad indiscutible que no siempre las variables explicativas son significativas, ni los datos tienen el comportamiento que define la intuición, ¿Cómo abordar estos problemas? La respuesta no debe ser “eso nunca lo aprendí en la Universidad” sino “tuve un problema similar y lo resolví de esta manera, ¿Por qué no lo intentamos?” Por ejemplo, habría de suponerse que el interrogante expresado líneas arriba, se logra resolver a través del uso de herramientas econométricas que nos son enseñadas en el tránsito por la Universidad. Pese a lo anterior, las cosas no siempre tienen una simple resolución pues en el salón de clase las pruebas de robustez funcionan, los modelos convergen, los datos son obligados a responder y nunca hay mayores inconvenientes. Valdría entonces la pena preguntarse cómo la enseñanza de la Economía contribuye a prepararnos sobre qué podemos hacer cuando desafortunadamente "las cosas no dan". A pesar de que este sea también un resultado en el proceso investigativo, hay que aprender a identificar el resto de alternativas posibles antes de llegar a esta conclusión.
El segundo aspecto que quisiera abordar es aquel según el cual los modelos económicos que se expongan en una clase magistral, -en las materias que los utilizan principalmente: microeconomía, macroeconomía, teoría de juegos y organización industrial-, tengan su referente en la vida cotidiana y real. La validez y perfecta asimilación de su operatividad, así como la claridad en su utilización práctica es imprescindible antes de hacer la transición hacia un modelo más complejo. En este contexto, vale la pena mencionar que, cuando se utilizan modelos para enseñar algún concepto particular de Economía, un estudiante no siempre logra entender, y mucho menos cerrar, la amplia brecha existente entre teoría y realidad. Es desconcertante que las soluciones más eficientes, las que mayor bienestar concedan al individuo, o los first-bests, sean los que primero se descartan o sean impensables a la hora de su implementación práctica. En razón de lo anterior, aterrizar los conceptos e incorporarlos en sugerencias de política reales de impacto nacional, local o sectorial es vital a la hora de aprender a ser un economista y ejercer como tal.

Por último, tener la posibilidad (y en últimas la obligación) de conocer el mercado laboral antes de estar obligado a hacerlo por sí solo, es con seguridad el mejor aporte que la enseñanza en Economía puede darle a los propios estudiantes. Más allá de poner en práctica todas las herramientas con las cuales se forma un profesional en Economía, se logra conocer –así sea marginalmente- el tipo de relaciones interpersonales necesarias, así como la competencia existente y las actitudes que los seres humanos adoptamos en el ámbito de trabajo- .Un mercado laboral que demanda experiencia, exige que un economista se haya enfrentado a la vida real de su profesión desde antes de tener su diploma.

Además, en los primeros semestres convendría entrar en contacto con economistas que no sean exclusivamente miembros de la academia, sino que exista la posibilidad conocer –de primera mano- los testimonios de policy-makers locales e internacionales que cuenten su experiencia, de otros investigadores de trayectoria, o de empresarios del sector real o financiero que les muestren cómo son sus labores en el día a día, y que de esta forma coadyuven a orientar los gustos e intereses mismos de los estudiantes. Es indiscutible que al hacer un sondeo entre quienes se forman como economistas, muchos no logran identificar cuál área del amplio campo de la Economía, es la que realmente les apasiona. En razón de lo anterior, cuando los recién egresados se lanzan al mercado laboral, simplemente no logran ubicarse pues no se sienten identificados con las vacantes para las cuales se supone que están preparados.

En suma, en los párrafos anteriores se han expuesto medios a través de los cuales la enseñanza en Economía tendría la posibilidad de mejorar, de manera que se logre formar profesionales que sepan cómo investigar y que logren cerrar la brecha existente entre teoría y práctica. Asimismo, permitir y obligar a una inserción temprana en el mercado laboral es la única forma, por excelencia, de que un estudiante sin tener un diploma certificado por su Alma Máter, pueda comprender y quizás asimilar el tipo de problemas y presión que demanda la vida real del Economista para la cual ha invertido tiempo, dinero y esfuerzo en prepararse.
 

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